Neonato

Traumatismo en el nacimiento: cuándo y si preocuparse por el cefalohematoma del recién nacido

Después del nacimiento, la cabeza del bebé puede mostrar un chichón debido a una hemorragia; descubramos las causas y consecuencias de este fenómeno

El nacimiento de un bebé, aunque sea fisiológico y natural, puede ser un evento traumático, tanto para la madre como para el recién nacido. Desde esta perspectiva es importante hablar del cefalohematoma, la segunda lesión más frecuente (2,4%) en las cesáreas. Una condición en la que es bueno centrar nuestra atención en la identificación de las posibles causas, las consecuencias y lo que hay que hacer para resolverlo.

En primer lugar, es fundamental entender qué es un cefalohematoma, también conocido como hemorragia subperióstica. Es una hinchazón que se forma en el cráneo del bebé y que aparece en los dos o tres días siguientes al nacimiento. Al tacto es suave y fluctuante y, como su nombre indica, es el efecto de una hemorragia, es decir, un depósito de sangre.

Normalmente se reabsorbe en las primeras semanas de vida sin causar ninguna consecuencia particular. Si no es así, o peor aún, si el cefalohematoma no se trata adecuadamente, puede ser responsable de problemas más graves.

Cefalohematoma: posibles causas

El cefalohematoma debe incluirse en el llamado traumatismo del nacimiento, es decir, las consecuencias de las tensiones fisiológicas (como las presiones típicas del parto) y las complicaciones que pueden ocurrir durante el nacimiento del niño.

Estos fenómenos tienen varias causas. Una mayor incidencia, como mencionamos al principio, se encuentra en las cesáreas, pero también hay otros factores que pueden determinar la formación de un cefalohematoma, por ejemplo:

  • los bebés mayores de su edad gestacional;
  • presencia de diabetes gestacional;
  • posición fetal anormal que puede dificultar el parto.

Esta hemorragia subperióstica también puede producirse después de un parto prematuro, con el cuerpo del bebé aún no totalmente formado y, por lo tanto, más frágil, pero también en casos de parto prolongado y en todos aquellos partos que sean críticos.

¿Cuándo puede aparecer un cefalohematoma?

Generalmente el cefalohematoma aparece un par de días después del nacimiento y en la gran mayoría de los casos es unilateral y parietal. Sólo en un pequeño porcentaje de los casos hay también una fractura del hueso subyacente. En casos aún más raros también puede producirse un cefaloma osificado.

¿Cuándo se reabsorbe el cefalohematoma?

El cefalohematoma se reabsorbe en pocas semanas, pero a veces puede tardar hasta un par de meses. La reabsorción se produce de forma espontánea y no requiere tratamiento, pero debe vigilarse, especialmente si no desaparece de forma independiente.

En estos casos, es esencial consultar a su médico, que puede solicitar una ecografía transfontanelar. Se trata de la investigación que se lleva a cabo para profundizar en el diagnóstico de los tejidos cerebrales, identificar las causas de un posible problema y establecer el tratamiento a aplicar.

Como ya se ha mencionado, la reabsorción es natural y no requiere ningún tipo de terapia; en cambio, se puede prever un tratamiento osteopático neonatal. Se trata de un procedimiento que pretende normalizar todas aquellas alteraciones óseas causadas por los empujes mecánicos del parto que estuvieron en el origen del cefalohematoma.

Es un tratamiento necesario para reactivar el equilibrio regular de las estructuras y tejidos óseos, así como para evitar que las disfunciones se regularicen y se vuelvan problemáticas para el bebé.

Cefalohematoma de parto: ¿hay consecuencias?

Si la reabsorción del cefalohematoma es casi espontánea, es posible que se asocie a otras consecuencias que es esencial vigilar.

La principal es la formación de ictericia neonatal, causada por el aumento de la concentración de bilirrubina sérica (hiperbilirrubinemia). También es posible que el cefalohematoma se asocie a la presencia de anemia o infección por el parvovirus B19, que se conoce más comúnmente como quinta enfermedad y se manifiesta generalmente por la aparición de manchas rojizas en la cara y el aumento de la fiebre.

Esta última es una eventualidad que, aunque muy rara, y que actualmente se presenta de forma esporádica, debe tenerse en cuenta en el diagnóstico diferencial de los niños.

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