Neonato

Las 4 formas en que el recién nacido muestra que está unido a ti

Un recién nacido muestra afecto incluso sin hablar, y de muchas maneras inconfundibles: cómo reconocer cuando te está “diciendo” que te quiere de verdad.

Desde los primeros días de vida, el recién nacido responde, a su manera, a los estímulos sonoros, olfativos y visuales que provienen de las personas que lo rodean, en primer lugar su madre y su padre. Y si al principio la relación se basa sobre todo en el instinto, con el paso del tiempo, la relación se vuelve más consciente.

Pero, ¿cuándo comienza el recién nacido a expresar un verdadero afecto por sus padres? ¿Cuándo empieza a reconocer a mamá y papá? Aquí están los signos para reconocer el afecto del recién nacido.

1- Busca tu mirada

El desarrollo de la vista de un bebé es gradual, y en las primeras semanas de vida no puede ver muy lejos. Por esta razón, aprende en primer lugar a reconocer a las personas más cercanas a él por más tiempo. Empieza a reconocer la cara de mamá y papá, a enfocar su mirada y por lo tanto a mantener el contacto visual.

De alguna manera “estudia” las caras de sus padres y, con el tiempo, aprende a leerlas, descifrando las emociones que aparecen en ellas. Es un proceso de conocimiento mutuo: al mismo tiempo, mamá y papá también aprenden a reconocer las expresiones faciales del niño, un tema en el que todos se volverán muy, muy buenos.

2- Sonríe y te reconoce

Es un momento de gran ternura: la sonrisa de un bebé tiene un fuerte poder, que “captura” a todos los que están cerca de él y recibe a cambio una gran cantidad de sonrisas adultas. Por lo general, los bebés comienzan a sonreír alrededor de las 6-8 semanas de edad. ¿Por qué sonríen? Para hacer sonreír a los demás. Una respuesta sorprendente, dada por el estudio publicado en la revista Plos One hace unos años, según el cual la sonrisa de los niños depende precisamente del deseo natural de “hacer sonreír”.

Con el tiempo, el niño también aprende a reconocer a las personas más cercanas: reconoce la voz de su madre y su padre porque ya los ha oído en el vientre, conoce los rostros, las expresiones, los movimientos de sus padres, los olores. Según otro estudio, si a un niño se le ofrece elegir entre el pecho de su madre y el de un extraño, sólo por su sentido del olfato, su elección recaerá sin duda en el pecho de su madre. Cuando comienza a hacer ruidos (lalla) responde a los estímulos sonoros.

De la misma manera, también empieza a reaccionar muy pronto a la voz de mamá, la más familiar. Aunque esté en los brazos de otra persona, en cuanto oiga la voz de mamá se girará en esa dirección.

3- Te busca

Cuando te alejas te sigue (y lo hará aún más cuando empiece a arrastrarse y a dar sus primeros pasos de forma independiente). Si mamá o papá desaparecen de su campo de visión, los busca, inclinándose o girando los ojos para encontrarlos de nuevo. Y cuando regresan a su campo de visión su rostro da expresiones de alegría.

Sin embargo, cuando empiece a hablar y a caminar, su búsqueda de su madre y su padre será aún más evidente (y más fácil para él): los brazos extendidos en busca de un abrazo y sus primeros pasos tambaleantes hacia sus padres son algunas de las pruebas más evidentes de su afecto.

¿Y qué pasa cuando el niño muestra una preferencia por un padre sobre el otro? Ciertamente no es una “competencia”, ni una confirmación de la “superioridad” de uno para asegurar el bien de su hijo sobre el otro padre.

Se trata más bien de un pasaje fisiológico: sobre todo en las primeras semanas y meses de vida, el “favorito” del niño suele ser la madre, mientras que en los meses siguientes la preferencia puede pasar al padre, y luego de nuevo a la madre y así sucesivamente.

No es un camino lineal sino circular, y no debe desanimarse si su hijo muestra preferencia por el otro padre.

4- Te busca sustituto

La madre, por razones obvias, no siempre puede estar con el bebé: durante las separaciones, ya sea para la hora de acostarse, para el trabajo o simplemente porque está en otra habitación, el bebé buscará afecto y consuelo en objetos, como un chupete: el primero sirve para ayudarlo a la hora de acostarse, el segundo, en cambio, reproduce el gesto de succionar el pecho y hace que el bebé se sienta “seguro” incluso cuando la madre no está allí.

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